¡Bienvenidos a Qarthadasht!

La república oligárquica

La “tiranía” de los Magónidas.
La evolución política de Cartago parece haber sido bastante similar a las que conocemos en otras ciudades mediterráneas. Tampoco estuvo libre de algunos sobresaltos, como el intento, en el siglo VI a. C, de instaurar la “tiranía” por parte de Malco o los frustrados golpes de estado de Hanón y Bomilcar en el IV. Así mismo la función predominante que durante varias generaciones desempeñaron los Magónidas apenas difiere de la de los propios tiranos griegos, como nos informa Justino:

Como esta familia de generales pesaba gravemente sobre la libertad pública y disponía a la vez del gobierno y de la justicia, se instituyeron cien jueces escogidos entre los senadores; después de cada guerra, los generales debían de rendir cuenta de sus acciones a este tribunal, para que el temor a los juicios y a las leyes a las que serían sometidos en Cartago les inspirara durante su mandato el respeto a la autoridad del Estado”. (XIX, 2, 5)

Magón había reemplazado a Malco al frente de la política de Cartago y se le atribuye el haber sido el artífice del poder militar cartaginés. Su dos hijos, Asdrúbal y Amilcar lucharon en Africa y Cerdeña. Este último parece haber sido el mismo que luchó en Himera en el año 480, del cual Diodoro ignora sus antecesores, limitándose a señalar que había sido elegido general en virtud de sus muchos méritos. Por su parte, Heródoto le hace hijo de un tal Hanón del que señala que se hallaba casado con una siracusana. Podríamos entonces sospechar, en un intento de conciliar la genealogía de esta poderosa familia cartaginesa, que este Hanón fuera el segundo hijo, en realidad, de Magón y no el Amilcar del que habla Justino, que seria en ese caso su nieto.


Hace ya tiempo que L. Maurin ha argumentado que el poder de esta familia no se eclipsó tras la derrota de Amilcar en Himera, sino que existen numerosos indicios que permiten considerar que siguió ejerciendo una gran influencia política durante bastante tiempo después. Por el contrario, fue el desastre sufrido por Himilcón, otro Magónida, en Sicilia casi un siglo después, cuando una epidemia de peste diezmó su ejército y un incendio destruyó la armada que sitiaba Siracusa, y que los cartagineses atribuyeron a un castigo divino por las profanaciones de los templos de Demeter y Core, lo que marcó el final de su influencia política. Considerada maldita, habría sido excluida para siempre del poder. El propio Himilcón se quitó la vida en Cartago después de hacer penitencia pública y proclamar sus faltas.


Los Hanónidas.
Como en otras ciudades del Mediterráneo las disputas políticas no fueron raras en Cartago y no cesaron con la creación del tribunal de los Ciento Cuatro, con el que la aristocracia pretendía controlar la vida política de la ciudad. Así, tras la caída en desgracia de los Magónidas, otra familia poderosa, la de Hanón el Grande, ejerció durante un tiempo el poder, aunque tuvo un rival importante en Eshmuniaton, quizá el jefe de la mayoría en los Ancianos de Cartago, que fue acusado de tracción en la guerra del 368 a. C, contra Donisio de Siracusa. El propio Hanón intentó finalmente usurpar su poder valiéndose de su fortuna y de sus esclavos, a los que reclutó y proporcionó armas, pero fracasó. También tenemos noticia del exilio de Giscon, su hijo, y de su regreso en el 338 a. C.

Cuando la invasión de Agatocles, un general, Bomilcar, apoyado por una tropa mercenaria, intentó un golpe de estado que palaneaba desde hace tiempo para establecer la tiranía en Cartago. ¿Una añoranza del regimen oligárquico frente el incipiente y aún no muy maduro estado democrático?.


El intento fue abortado por la rápida actuación de los ciudadanos cartagineses, entre ellos los más jóvenes, que, habituados a la instrucción militar, en contra de todos los prejuicios antiguos y modernos, corrieron a tomar las armas para enfrentarse con el sedicioso. El suceso ha sido relatado en detalle por Diodoro de Siracusa:

“En Cartago Bomilcar, que había planeado durante mucho tiempo instaurar la tirania, buscaba una ocasión apropiada para sus planes.....Cuando Bomilcar había pasado revista a los soldados en la que se llamaba Ciudad Nueva, que se encuentra a poca distancia de la vieja Cartago, despidió al resto, más cogiendo a aquellos que estaban unidos en conspiración, quinientos ciudadanos y unos mil mercenarios, se autoproclamó tirano. Disponiendo a sus hombres en cinco columnas atacó matando a todos aquellos que se le oponían en las calles. Ya que un extraordinario tumulto estalló en la ciudad, los cartagineses supusieron en un principio que el enemigo había penetrado y la ciudad estaba siendo traicionada, cuando, no obstante se conoció la verdadera situación los jóvenes se reunieron, formaron compañías, y avanzaron contra el tirano. Pero Bomilcar, matándolos en las calles, se dirigió con rapidez al ágora, y encontrando allí muchos de los ciudadanos desarmados los masacró. Sin embargo, los cartagineses, después de ocupar los edificios en torno al ágora, que eran altos, lanzaron grandes y pesados proyectiles, y los participantes en el levantamiento comenzaron a ser abatidos, ya que la plaza estaba dentro de su alcance. Sin embargo, puesto que estaban sufriendo severamente, cerraron filas y forzaron la salida a través de estrechas calles hacia la Ciudad Nueva, siendo continuamente golpeados con los proyectiles desde todas las casas a las que se acercaban”. (XX, 44)