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Acerca de la historicidad

El relato de Trogo Pompeyo/Justino sobre la fundación de Cartago, que indudablemente contiene algunos elementos griegos, fruto muy probable de su adaptación a un ambiente cultural helénico, no debe sin embargo ser considerado sin más como un mito. Tras la leyenda, como nos ha llegado, se advierten una serie de rasgos de procedencia claramente fenicia y oriental. Elishat, transcrito Elisa por los griegos, es un nombre semita que está documentado repetidas veces en las inscripciones de las ofrendas religiosas de Cartago.

El nombre de Pigmalión, el hermano de Elisa que ocupa el trono, si bien no es frecuente en la onomástica de los reyes de Tiro, no es otro que el de Pumay, apelativo de una divinidad chipriota, protectora de los navegantes, que figura también en la famosa estela de Nora, en Cerdeña y en numerosos antropónimos cartagineses, como Pumaiyathon, Pumaishamar o Amatpumai. Sobre un medallón encontrado en un tumba de Cartago del siglo VI a. C. una inscripción invoca al dios bajo la forma griega de Pygmalion. En aquella época los soberanos de Tiro hacia tiempo que habían establecido bajo su autoridad parte de Chipre, según sabemos por algunos textos y por las inscripciones de alguno de sus funcionarios.

Acerbas, el esposo de Elisa, es, en realidad, el nombre helenizado del fenicio ZakerBa‘al. Se dice, además, en el relato que ocupaba la segunda dignidad en la ciudad después del rey, por lo que parece que el autor o su fuente estaba muy bien informado sobre la importancia del gran sacerdocio de Melkart entre los tirios. Hércules, o Heracles para los griegos, corresponde a este Melkart, dios de Tiro, protector de la ciudad y de su familia real, cuyo rastro se puede seguir en los documentos históricos y en la antroponimia hasta la época de El- Amarna.

El propio nombre de Byrsa responde a un topónimo de Cartago y no sólo a la anécdota célebre de la piel de buey (bursa en griego), y como tal figura en algunas monedas cartaginesas. La presencia de los oráculos que desaniman a Pigmalión a perseguir a los fugitivos se ha considerado siempre con uno de los elementos de procedencia griega en el relato. No obstante, el carácter oracular de Melkart y otras divinidades, así como la existencia de profetas o vaticinadores está bien documentada en el mundo fenicio.

La mención misma a la cercana Utica, fundación anterior de los tirios en esta misma región del norte de Africa según un testimonio de Plinio resulta, por otra parte, muy significativa:

“Memorable también es el templo de Apolo en Utica donde aún se encuentran las vigas de cedro puestas cuando la fundación de la ciudad, hace 1178 años” (N.H., XIX, 63).

Como quiera que escribía esto en el año 77 de nuestra era, la fecha de la fundación de Utica se remontaría hasta el 1101 a.C. Por cierto, que una información similar se encuentra en el Pseudo Arsitóteles:

"Utica pasa por haber sido fundada por los fenicios 287 años antes que Cartago como etá escrito en las Historias Fenicias" (De Mirabilibus Auscultationibus, 134).

En fin, el nombre de las poblaciones autóctonas cercanas, los maxitanos, es conocido por testimonios posteriores de época púnica y romana. En el siglo I a. C. uno de los reyes de la dinastía autóctona fundada por los antepasados de Massinisa llevaba el nombre de Hiarbas.

Menandro de Efeso.
El relato sobre la fundación de Cartago sitúa en un primer plano el asesinato del Zakerbaal, tío y marido de la princesa Elissa y sumo sacerdote de Melkart, por el monarca y hermano de ésta, Pigmalión, describiendo en realidad un conflicto dinástico en el seno de la familia real tiria en el que parece haber participado una parte de la nobleza. La autenticidad del acontecimiento y la de su principal protagonista es avalada, además, por un relato de Flavio Josefo historiador judío del siglo I en el que, citando a Menandro de Efeso, un autor del siglo IV a. C que había consultado los archivos de Tiro, dice lo siguiente:

“Desde hace muchísimos años existen entre los tirios crónicas redactadas y guardadas por el Estado con sumo cuidado que relatan los hechos dignos de memoria ocurridos entre ellos o en sus relaciones con los extranjeros. Allí se dice que el templo de Jerusalén fue construido por Salomón ciento cuarenta y tres y ocho meses antes de que los tirios fundaran Cartago... a continuación voy a citar a Menandro de Efeso. Este autor ha relatado los acontecimientos de cada reino, hayan tenido lugar entre los griegos o entre los bárbaros, después de esforzarse por aprender la historia de las crónicas nacionales de cada pueblo...' Se computa el tiempo transcurrido desde este rey hasta la fundación de Cartago de la siguiente manera.: muerto Hiram recibió el trono su hijo, Balbacel, que vivió cuarenta y tres años de los que reinó diecisiete. Tras él, Abdastrato, su hijo vivió veintinueve años y reinó nueve. Los cuatro hijos de su nodriza conspiraron contra él y le mataron. Reinó el mayor, Melcastarto, hijo de Leastrato, quien vivió cincuenta y cuatro años y reinó catorce. Después de éste, su hermano Astarimo, que reinó cincuenta y cuatro años de los que reinó nueve. Este fue asesinado por su hermano Feles, quién se apoderó del trono y reinó ocho meses de los cincuenta años que vivió. Le asesinó IthoBa‘al, el sacerdote de Astarté, quién vivió sesenta y ocho años y reinó treinta y dos. Le sucedió su hijo Balezor, que vivió cuarenta y cinco años y reinó seis. Fue su sucesor su hijo Mattan, que vivió treinta y dos años y reinó veintinueve. Su sucesor fue Pigmalión, que vivió cincuenta y seis años y reinó cuarenta y siete. En el séptimo año de su reinado, su hermana huyó a Libia y edificó una ciudad llamada Cartago.
Así pues, todo el tiempo que separa el reinando de Hirám de la fundación de Cartago hace un total de ciento cincuenta y cinco años y ocho meses” (Contra Apión, I, XVII, 106 ss; TRAD. J.R. Busto Saiz)

En el relato de Menadro de Efeso citado por Josefo se aprecia, además, que conspiraciones y asesinatos fueron en ocasiones utilizados, como en otros lugares, por quienes aspiraban al trono de Tiro. Como se ha dicho: "Les rivalités rois - prêtres semblant avoir été courantes dans les milieux politiques et religieux au sein de la cité phénicienne et notamment a Tyr" (M. H. Fantar, Carthage. Aproche d´une civilisation, t. 1, Tunis, 1993, p. 87).