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La ganadería y la pesca

La pesca y la ganadería tenían una considerable importancia. El mar y los rebaños que pastaban en las tierras del norte de Africa aportaban grandes recursos a la economía de Cartago y a la alimentación de los cartagineses. El trato y el cuidado a estos animales figuraba igualmente en la “enciclopedia” de agronomía de Magón, así como las cualidades que debían ser valoradas a la hora de su compra:

“Como quiera que estas cualidades sean tan variadas y diversas, cuando el labrador ha de enfrentarse con la compra de los novillos debe seguir unos preceptos comunes y ciertos que el cartaginés Magón dio, y que nosotros exponemos a continuación. Han de comprarse bueyes nuevos, cuadrados, que tengan los miembros grandes, las astas largas, negras y fuertes, la frente ancha y crespa, las orejas erizadas, los ojos y los belfos negros, las narices romas y abiertas, el cerviguillo largo y carnoso, la papada grande y que baje hasta cerca de las rodillas, el pecho ancho, las espaldas espaciosas, la barriga gruesa y como de vaca preñada, las costillas largas, los lomos anchos, el espinazo derecho y llano o aunque este bajado, las ancas redondas, las piernas recias y derechas, pero más bien cortas que largas, las rodillas no malas, las pezuñas grandes, la cola muy larga y poblada de cerdas, el pelo en todo el cuerpo espeso y corto, el color rubio u obscuro y el tacto del cuerpo muy suave” (Columela, VI, 1; TRAD. C. J. Castro).

En otro lugar se refiere a la castración de los novillos:

“Magón es del parecer que se castren los novillos mientras aún estan tiernos y que esto no se haga con hierro, sino que se compriman los testículos con un pedazo de cañabeja hendida, y se vayan quebrantando poco a poco. Asimismo cree que el mejor género de castración es el que se hace en la edad tierna sin herida...” (Columela, VI, 26; TRAD. C.J. Castro).

Bueyes, vacas, cabras y ovejas proporcionaban carne y leche además de cuero, lana y fuerza de tracción para la agricultura, que también empleaba asnos y mulas, el transporte y la guerra.

No obstante, no sólo eran importantes para la alimentación, la agricultura o el transporte. Las inscripciones sacrificiales cartaginesas nos muestran como formaban parte también de la vida religiosa cotidiana de las gentes de Cartago. Así, la célebre "Tarifa de Marsella" enumera como animales a sacrificar, bueyes, y en orden decreciente, terneras, ciervos, carneros, machos cabríos, corderos, cabritos, cervatillos y pájaros, junto con cerales y libaciones de aceite o leche. Estos sacrificios se realizaban muy frecuentemente y con diversos motivos, dar gracias a las divinidades, suplicar la concesión de un favor divino, etc, y una parte era reservada para los sacerdotes y otras para quién hacía la ofrenda, por lo que tales costumbres constituían otra forma de consumo.

En cuanto a la pesca, satisfacía tanto las necesidades de la mesa como de la industria. Las salazones de pescado, que llegaron a alcanzar gran fama en todo el mundo antiguo, sobre todo sus productos más refinados, como el celebrado garum, tenían un a gran importancia para la economía cartaginesa. La producción de las fábricas de salazón ibéricas y africanas se centralizaba en Gadir y Lixus respectivamente, y desde allí eran enviadas a Cartago que luego las distribuía por los distintos mercados mediterráneos. Pesquerías púnicas han sido localizadas en diversos lugares de la costa occidental norteafricana, como en Ruspina (Monastir), Ras Kapudia, cerca de Cheba, Leptis, etc. Trazas de la manufactura del garum han sido halladas en Jerba y otros sitios púnicos de Túnez, Argelia y Marruecos. En otras ocasiones se conocen los alfares donde se producían las ánforas en que se almacenaban las salazones de pescado, como ocurre en Kuass, en Marruecos. El murex era igualmente apreciado para la extracción de la púrpura.

Como afirma López Pardo (1996: 22 y 27) "La abundante pesca estacional, y sobre todo la posibilidad de su larga conservación quizás sean la clave de la supervivencia de muchos de los enclaves fenicios costeros a los cuales se les ha supuesto que cubrían su abastecimiento alimenticio por otros medios, ya sea la propia actividad comercial, que incluiría la adquisición de alimentos, o bien que los propios enclaves desarrollarían ellos mismos producciones agrarias en los valles en cuya desembocadura se encuentran...
De tal manera consideramos que los recursos pesqueros debieron jugar un papel fundamental en la propia supervivencia de algunas factorías como parecen sugerir los casos de Rachgoun y Essaouira. Además parece confirmarse últimamente que una parte al menos de las ánforas fenicias arcaicas conocidas como R1 producidas en el área del Estrecho contenían salazones de pescado. Una de estas ánforas, de la segunda mitad del s. VIII a.C. hallada en Acinipo, en el interior de la provincia de Málaga, contenía restos de pescado y berberecho, lo cual es un interesante indicio no sólo de la antigüedad de esa industria en la región, sino también de que los fenicios vendían estos productos a los indígenas del interior a través de los valles en cuyo límite se habían instalado. Análisis petrológicos realizados sobre fragmentos de ánforas aparecidos en Cartago en niveles del s. VIII a.C. demuestran que algunas ánforas fueron importadas desde la región del Estrecho. Es muy posible que estos contenedores polivalentes de vino, aceite y salazones de pescado se difundieran hasta el Mediterráneo Central debido a que contenían fundamentalmente salazones de pescado y no otra cosa. Difícilmente se exportaba a Cartago desde la región del Estrecho vino o aceite. De esta manera podemos sugerir que las conservas de pescado fueron introducidas en el circuito comercial por los fenicios desde muy temprano. La salazón de pescado es producto de coste relativamente bajo, claramente monopolizado por los fenicios y que sirvió como elemento de intercambio con los indígenas del interior. Todo lo cual lo configura como un producto típico para el intercambio desigual, bajo coste social de producción y monopolio".

Para muchas ciudades fenicias y púnicas la pesca debió de constituir una de sus principales fuentes de riqueza, sobre todo a partir del reajuste de la economía colonial que se aprecia desde finales del siglo VI a. C., en el que los metales, sin descartarse, pierden su antigua preponderancia. Tal es lo que se advierte en las monedas de muchas de ellas, en las que frecuentemente aparecen representados peces, como el atún. Tal ocurre con las monedas de Gadir y otras ciudades fenicias en la Península Ibérica.


En cualquier caso, también está documetado el consumo religioso del pescado, sobre todo en los banquetes fúnebres, que junto con libaciones, solían acompañar el sepelio del difunto, como se constanta por los restos de platos de pescado, que aparecen rotos de forma ritual, en diversas necrópolis fenicias y púnicas. No podía ser de otra manera, en gentes tan allegadas al mar y sus recursos.

Por otro lado, las conservas de pescado, precisaban de otra materia prima imprescindible como era la sal, único conservante eficaz conocido en el mundo antiguo, por lo que las salinas y su explotación estaban directamente relacionadas. Aunque ignoramos los detalles de la explotación de la sal en el mundo púnico, que también se utilizaba como un complemento en la alimentación del ganado, sabemos que en época helenística solían constituir un monopolio del Estado, y parece que tal pudo haber sucedido en la Iberia de los Bárquidas, aplicando modelos de gestión procedentes seguramente de Cartago.