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El debate en torno al "molk"

El hallazgo de las estelas púnicas y neopúnicas de El-Hofra (Argelia) en el último tercio del siglo XIX marca el inicio de la moderna investigación sobre el sacrificio molk.. Primeramente la atención se había centrado en los textos bíblicos, pero, más tarde, con los descubrimientos en el tofet de Cartago a partir del invierno de 1921, los hallazgos que se iban obteniendo, no exentos de polémica, apoyaban la idea de que el molk era un sacrificio cruento conocido desde antiguo en Fenicia desde donde se había difundido por Israel y el occidente fenicio-púnico. No tardó mucho, sin embargo, en surgir una interpretación que atribuía los restos infantiles del tofet a la alta mortalidad por causas naturales.

Algo después, Deller, basándose en una serie de documentos neoasirios, propuso una interpretación figurativa y no literal de los pasajes bíblicos concernientes a “pasar los hijos e hijas por el fuego”, con lo que el molk quedaba convertido en una especie de sacrificio simbólico y, por supuesto, incruento. Tales ideas, tuvieron, no obstante escasa acogida y los estudiosos siguieron considerando el molk como un sacrificio cruento con pocas excepciones.

¿El final del dios Moloch?.
Por otra parte, Eissfeldt, primero, más tarde Dussaud, y luego Albright y también Fevrier, ayudados por la lectura de las inscripciones que aparecían en Cartago, habían establecido el significado del término molk como un determinado tipo de sacrificio, y no como el nombre de una divinidad, aunque Albright admitía la existencia en el norte de Mesopotamia y de Siria de un dios con este nombre (Muluk o Malik) al que se habían sacrificado niños como prenda de santidad de una promesa. En una posición intermedia de Vaux consideraba que esta palabra había tenido en principio un sentido sacrificial, siendo utilizada luego de forma equivocada en el Antiguo Testamento como un nombre divino debido a una confusión de los redactores hebreos.

Lo cierto es que la tesis de Eissfeldt se apoya sobre todo en la evidencia de las inscripciones púnicas, pero parece que fuerza, en algunos casos, la lectura de los textos bíblicos. Si bien buena parte de los autores que han tratado recientemente el problema se atienen a ella no faltan tampoco en los últimos años quienes han vuelto a encontrar argumentos para defender la existencia de un culto a un dios Moloch/Molech (Weinfeld, 1972; Heider, 1984; Day, 1989) que unas veces ha sido identificado con Ba‘al o el mismo Yahvé, y otras con el dios cananeo Mot, el amonita Milcom, el arameo Adad-milki, o el sirio Hadad.

También hay quien interpreta mlk como "rey" y lo consideran un epíteto de Yahvé, aplicado, asimismo, aunque de forma degradada a otros dioses menores o diablos y hasta quien hace desaparecer la misma palabra molek del texto hebreo más antiguo que sólo conocería el nombre de la divinidad amonita Milcom. No falta tampoco quien considera Molech una divinidad cananea del mundo inferior con sus orígenes en el dios mlk atestiguado en Ugarit que no sería otro que Malik, documentado en Siria y Mesopotamia como una forma de Nergal, el dios infernal del Mesopotamia.

El molk y el sacrificio de los primogénitos.
Pero, si bien se aceptaba la práctica de sacrificios infantiles, se pensaba que eran episódicos y muy esporádicos, produciéndose sobre todo ante situaciones críticas que implicaban grave peligro, como guerras, plagas, hambrunas, etc. y en círculos sociales muy restringidos y próximos a la realeza, según se podía leer, por otra parte, en los testimonios de Filón de Biblos, Diodoro de Sicilia o Q. Curcio Rufo. Además, la identificación del mlk con una versión humana del sacrificio de las primicias, que siguió gozando de crédito, bloqueaba la posibilidad de pensar en términos de infanticidios por motivos demográficos y/o económicos. La confusión provenía en gran parte del paralelo que se establecía con episodios como el sacrificio de Isaac o el del hijo del rey de Moab, y con las prescripciones de Éxodo, 22, 28-29 relativas a la ofrenda de las primicias.

También ha contribuido a la confusión un pasaje de Ezequiel (20.26), que es el único texto bíblico en el que se menciona a los primogénitos como víctimas del mlk. Pero aunque los primogénitos hayan podían ser ofrecidos en el mlk, éste no constituía un sacrificio específico de primogénitos. En este sentido, Lipinski (1988) ha mostrado las discrepancias en los textos bíblicos en el empleo de verbos y términos con sentido sacrificial, según se trate de la ofrenda de los primogénitos o del molk. Tampoco hay argumentos de peso en los autores clásicos, ni en la epigrafía de los tofets para seguir manteniendo la asimilación del mlk con el sacrificio de los primogénitos.

El molk incruento: génesis de la hipótesis funeraria.
Paralelamente, se había comenzado a señalar la ausencia de testimonios del mlk en la misma Fenicia, de donde se suponía que era originario, así como en el precedente Ugarit (Xella, 1978). Según Weinfeld, la presencia del mlk entre los hebreos, bien documentada en el Antiguo Testamento, se debería a la influencia de los asirios y los arameos, lo que ya había sido la opinión de Deller, e identifica el mlk bíblico como una manifestación del culto a Hadad, pero de carácter incruento. Según él se trataba en realidad de sacrificios simbólicos en los que la acción de «pasar por el fuego» debe ser interpretada figurativamente como la consagración de los hijos a la divinidad. También rechaza, por supuesto, toda conexión con los sacrificios infantiles de los fenicios y púnicos, que atribuye a situaciones excepcionales, y por consiguiente poco frecuentes, y que no estarían además institucionalizados.

La réplica de Smith (1975), insistiendo en el carácter cruento del sacrificio fue seguida de un trabajo de Kaufmann (1978) que determinaba la imposibilidad de conciliar el dios Adrammelek bíblico (corregido en Adadmelek por Weinfield) con el Adad-milki asirio, lo que constituía una pieza clave de la argumentación de Weinfeld. Pese a todo, un importante grupo de investigadores (Simonetti, 1983; Moscati, 1987; Ribichini, 1987; Olmo Lete, 1990) ha vuelto a cuestionar el carácter cruento del mlk, y un trabajo de Benichou-Safar (1981) sobre la escasez de enterramientos infantiles en las necrópolis de Cartago ha sido utilizado como punto de partida. Al poco, una reinterpretación de los textos antiguos (Simonetti, 1983) establecía una diferencia entre las noticias, más abundantes, relativas a asesinatos rituales, que habrían sido sumamente episódicos, y las que se refieren a verdaderos a sacrificios humanos. Como muy bien lo ha expresado Amadasi Guzzo (1986: 189 ss): "E infatti particolarmente arduo riuscire ad ammettere che popoli a noi relativamente vicini,sia nel tempo, sia nello spazio, abbiamo regolarmente praticato riti che non ci appaiano giustificabili: limitare il sacrificio dei bambini a casi eccezionali, se nom eliminarlo completamente, apare perciò come uno sgravio di coscienzia“. Así que una interpretación, que ha llegado a contar con un buen número de adeptos establece de nuevo el carácter incruento y simbólico del mlk, mientras que considera a los tofets como necrópolis infantiles.