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El lugar

Cuando Elisa y sus compañeros de exilio arribaron, tras un largo viaje, al lugar que habría de ser su nuevo hogar y refugio definitivo, encontraron una playa hospitalaria y un grupo de pequeñas colinas aptas para una eventual defensa. Siglos más tarde, el viajero que se acercaba por mar a Cartago contemplaba una ciudad de aspecto magnífico rodeada de una muralla enlucida de estuco blanco que brillaba al sol, a la que se accedía por una puerta monumental flanqueada por sendos torreones, y tras la cual se percibía la ciudadela con los grandes templos y otros edificios monumentales.


He aquí la descripción del lugar que proporciona Polibio, que la conoció personalmente en el curso de la última guerra contra Roma :

“La ciudad de Cartago está emplazada en un golfo. Por su posición tiene forma alargada, como una península, rodeada de mar en su mayor parte, y también por un lago. El istmo que la uno al continente africano tiene unos veinticinco estadios de anchura. No lejos de este sitio y por el lado que da al mar, está la ciudad de Utica, por el otro lado, el del lago está Túnez...el istmo que une Cartago al Africa está flanqueada por colinas de difícil tránsito, cuyos pasos hacia la región están tallados en la roca”. (I, 73-75; TRAD. M. Balasch Recort).

La descripción de Apiano, autor griego del siglo II nacido en Alejandría, que sigue a Polibio, aunque más sucinta, es, lógicamente, similar:

“La ciudad se encontraba en el seno de un gran golfo y se asemejaba mucho a una península, pues la separaba del continente un istmo de veinticinco estadios de ancho. Desde este istmo, una lengua de tierra estrecha y alargada, de medio estadio de ancho, avanzaba hacia el oeste entre la laguna y el mar”. (Lib., 95; TRAD. A. Sancho Royo).

La topografía de Cartago recuerda de cerca a la de otras ciudades antiguas: una serie de colinas de mediana altura, en cuyas laderas se establecieron las necrópolis, dispuestas en semicírculo en torno a un llano, en este caso costero. Sobre la falda de una de estas colinas, Byrsa, que se identifica hoy con la de St. Louis, se asentó la población originaria ocupando luego una necrópolis todo su flanco sur. Desde aquí, y desde la vertiente sur de la vecina colina de Juno, la ciudad arcaica se extendió hacia la llanura litoral.

En el siglo VII a. C., un barrio de viviendas modestas y un sector de caracter industrial se había extendido, hacia el sur y hacia el este, hasta muy cerca de la orilla del mar, en donde las prospecciones de los arqueólogos han detectado la existencia de talleres destinados a la metalurgía, la elaboración de cerámica y la obtención de púrpura. La primera Cartago ocupaba pues una especie de triángulo cuyo vértice era la colina de Byrsa y su base la línea comprendida entre la bahía de Kram y las colinas de Dermerch, que algunos consideran el primer asentamiento de los colonos, y de Douimes, las más orientales y cercanas al mar, junto con la de Sta. Monica, que se alza algo más al norte, entre Bordj Djedid y el promontorio de Sidi Bou Said. Se trata de una superficie de cerca de 100 ha, sin duda un tamaño importante ya para esa época, aunque desconocemos la densidad de su ocupación, repartida entre el tofet, o área sacra de Tanit al sur, los barrios de viviendas, las zonas de talleres artesanales y manufactureros y las necrópolis.

Estas últimas se disponen en forma de arco, en dirección S.E-E. desde la colina de Byrsa hasta las laderas de Bordj Djedid, junto a la meseta del Odeón. Las laderas de las colinas de Byrsa, Juno y Douimés albergaron las necrópolis de la ciudad arcaica. Solo algunas tumbas de las laderas orientales de la colina de Juno y de las laderas bajas de Dermech se fechan en la segunda mitad del siglo VIII a. C, mientras que abundan las del siglo VII en estos mismos lugares y en la ladera sur de la colina de Byrsa.

Todavía hoy se pueden apreciar, en la ladera sur de esta colina y en la de Demerch tumbas de camara hipogea y fosas recubiertas por una cista, dos de los tipos de enterramientos más comunes en Cartago. Las colinas de Juno y St. Mónica albergan, asimismo, un sector posterior de las necrópolis de la ciudad. La expansión urbana de Cartago se realizó, como en otras muchas partes, en detrimento de las necrópolis, que se amortizaron o se trasladaron a medida que crecía la ciudad. Al norte de la llanura litoral, en las necropolis de Demerch y Douimes y en la ladera sur de las colinas de Juno y Byrsa la ciudad de los vivos ganaría, con el paso del tiempo, espacio para su expansión a la de los muertos.