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Las murallas y los puertos

Las murallas.
En la primera noticia que tenemos en los textos antiguos de las fortificaciones de Cartago éstas se remontan al siglo VI a. C., aunque han podido ser anteriores. Por otra parte, no hay duda de que el sistema defensivo de la ciudad debió cambiar con el transcurso del tiempo hasta albergar toda la península, cerrando también el istmo que la unía al continente. Muy poco es lo que se conserva de las grandes murallas de Cartago, formadas por un muro simple en los lugares más escarpados y otro tripe en aquellos, que como el istmo, precisaban de una mejor defensa. Según una descripción de Apiano en tiempos de las guerras contra Roma presentaba el siguiente aspecto:

“La parte de la ciudad que daba al mar, al borde de un precipicio, estaba protegida por una muralla simple. La parte que miraba hacia el sur, hacia el continente, donde estaba la ciudad de Birsa, estaba guarnecida en el istmo por una triple muralla. La altura de cada una de estas murallas era de treinta codos, sin contar las almenas y las torres, que estaban colocadas por toda la muralla a intervalos de dos pletros; cada uno tenia cuatro pisos y su profundidad era de treinta pies. Cada lienzo de muralla estaba dividido en dos pisos. En las parte inferior, cóncava y estrecha, había establos para trescientos elefantes y, a lo largo de ellos, estaban los abrevaderos; encima había establos con capacidad para cuatrocientos caballos y almacenes para el forraje y el grano. Tambien había barracas para veinte mil soldados de infanteria y cuatro mil jinetes. Tan gran preparativo para la guerra estaba distribuido para albergarse solo en el inetrior de la muralla. El ángulo que se curva desde esta muralla hasta el puerto, a lo largo de la lengua de tierra mencionada, era el único punto débil y bajo...” (Lyb., 95; TRAD. A. Sancho Royo)

Este sistema defensivo se encontraba precedido, en el istmo, sin duda la parte más adecuada para realizar un ataque desde tierra, por un gran foso y algunas fortificaciones menores que lo protegían.

La muralla marítima, realizada en enormes bloques de gres, estaba revestida de un fino estuco blanco y rematada por cornisas moldeadas. Las excavaciones arqueológicas también han determinado que la monumental Puerta Nueva que se habría en ella, y a la que también podríamos llamar con toda justicia Puerta del Mar, estaba flanqueada por dos torres y se construyó en siglo V a. C. Más tarde, a finales del III a. C., desaparecerá, cerrándose todo el muro, al mismo tiempo que el espacio libre entre las últimas casas del barrio del siglo V a. C. y la muralla meridional es ahora ocupado por una retícula compacta de viviendas de planta más amplia que las precedentes y centradas en torno a holgados peristilos.

Una parte de una muralla arcaica de casamatas perteneciente al siglo VII a. C ha sido localizada en la calle Ibn Chabaat, con una orientación este-oeste,  asi como en la parte sur de Bir Massouda, en el centro de la actual Cartgo. Dadas las dimesiones de esta doble muralla no parece caber mucha duda de que nos encontramos ante la muralla meridional de Cartago.

Los puertos.
Se desconoce el emplazamiento del primer puerto de la ciudad, toda vez que las estructuras portuarias descubiertas por los arqueólogos en la zona de las dos lagunas próxima al tofet no se remontan más allá del siglo III a. C. No obstante, se ha sugerido un hipotético emplazamiento del mismo al sur de la ciudad, en la ensenada septentrional del lago de Túnez, que en época arcaica se extendía hacia la colina de Byrsa y el N.O., y que después sufrió un ensanchamiento de la primitiva línea de costa provocado por los aluviones del Medjerda al ser arrastrados por las corrientes dominantes desde el N.E.

Las últimas excavaciones arqueológicas han venido a confirmar en gran parte la veracidad de la descripción de Apiano sobre los puertos de Cartago, pese al escepticispo o la abierta oposición mostrada tiempo atrás por algunos investigadores, como P. Cintas:

“Los puertos comunicaban entre ellos y tenían una entrada común desde el mar, de setenta pies de ancho, que podían cerrar con cadenas de hierro. El primer puerto era poara barcos mercantes y había en él gran cantidad y variedad de aparejos; en el interior del segundo puerto, en su parte central, había una isla, y la isla y el puerto estaban interceptados a intervalos por grandes diques, los cuales albergaban astilleros con capacidad para doscientas naves, y adosados a los astilleros, había almacenes para los aparejos de las trirremes. Delante de cada astillero había dos columnas jónicas que daban el aspecto de un pórtico continuo al puerto y a la isla. En la isla estaba la rsidencia del almirante, desde la cual el trompetero daba las señales y el almirante los inspeccionaba todo. La isla estaba situada a ala entrada del puerto y tenía gran altura, de manera que el almirante veía todo lo que sucedía en mar abierto y, a su vez, los que penetraban en el puerto nom podían tener una visión clara del interior. Ni siquiera eran visibles, en su conjunto, los astilleros para los barcos mercantes cuando entraban en el puerto, pues los rodeaba una muralla doble con puertas que llevaban a los barcos desde el primer puyerto a la ciudad sin atravesar los astilleros”. (Lib., 96; TRAD. A. Sancho Royo)

En la zona de Salambó, la actual laguna circular corresponde con el puerto militar, en donde se han identificado una serie muelles en el perímetro del islote, así como una serie de varaderos de carenado y de invernada en forma de rampa, dispuestos simétricamente en abanico a ambos lados de un eje constituido por un espacio central a cielo descubierto en forma de exágono alargado y provisto de una torre de vigilancia en su lado norte. Se ha descubierto también una sección del muelle oeste del puerto mercante, que se corresponde con la laguna rectangular.