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El periplo de Himilcón


Más o menos por la mismas fechas, según Plinio en que Hanón realizaba su viaje por las costas atlánticas africanas, otro cartaginés, Himilcón, navegó durante cuatro meses por aguas del Atlántico en busca de las Islas del estaño, las fabulosas Casitérides, también conocidas como Estrimnidas:

“Y cuando el poderío de Cartago era floreciente, Hannón hizo el periplo desde Gades hasta las fronteras de Arabia y publicó el relato de su viaje como hizo también Himilcón, enviado por esa misma época a explorar las costas de Europa”. (N.H., IV, 120)

El relato de este periplo se ha perdido en su totalidad, si bien se conservan algunas breves alusiones como las que, siglos más tarde, recogerá el poeta Rufo Festo Avieno:

“Y aquí surge la cumbre de un cabo prominente -la
Antigüedad más remota lo llamó
Estrimnis-, y la mole
excelsa de su pedregosa cima se dirige toda entera hacia
el cálido Noto. Pero, al pie del vértice de se cabo, se
abre a sus habitantes el golfo
Estrímnico, en el que
surgieron las islas
Estrímnidas, extendidas en una vasta
amplitud y ricas en metal de estaño y plomo.
Aquí está el gran poder de un pueblo, un espíritu
altivo, una
deztreza eficaz; a todos les posee un
constante afán por negociar. Y, en esquifes, surcan, a
grandes distancias, el mar zarandeado por los vientos
Noto y el abismo del Océano, poblado por monstruos...
Desde aquí, sin embargo, hasta la isla Sagrada -
así
la llamaron los antiguos-, una nave emplea una
singladura de dos soles. La isla, en medio del oleaje, se
extiende con una gran superficie de tierra, y el pueblo
de los
hiernos la habita ampliamente.
Cercana aparece, a la vuelta, la isla de los
albiones.
También los tartesios acostumbraban a comerciar hasta los
límites de las
Estrímnidas. También colonos de Cartago y
el pueblo establecido alrededor de las Columnas de
Hércules llegaba hasta estos mares.
El cartaginés
Himilcón asegura que estos mares apenas se
pueden atravesar en cuatro meses, tal como el mismo contó
que lo había comprobado navegando personalmente. Así,
ningún viento empuja la nave a una gran distancia;
asimismo el agua del mar perezoso no se mueve en sus
dominios. Se añadirá a esto el hecho de que sobresale, en
medio de las aguas marinas, gran cantidad de algas, y de
que, la mayoría de las veces, retiene la popa al formar
grandes malezas. Dice él, nada menos, que aquí las
espaldas del mar no se hunden en la profundidad y que el
fondo apenas queda cubierto por un palmo de agua, que
las fieras marinas circulan de una lado a otro, que
unos
monstruos nadan por entre las naves mientras avanzan
lentas y sin fuerza”. (
Ora Marítima , 90 ss; TRAD. P. Villalba y Varneda)


La localización de las Islas del estaño permanece incierta, si bien se ha sugerido identificarlas con las islas gallegas, así como con la Bretaña francesa y Cornualles. Parece que Himilcón, siguiendo informaciones de los fenicios de Gadir, realizó un viaje de exploración que le permitió llegar a las costas de Bretaña, sur de Inglaterra e Irlanda y, desde la zona de las calmas ecuatoriales al Mar de los Zargazos, entonces más cerca de las costas europeas, donde vería en ocasiones el mar surcado por ballenas. Aún hay otros pasajes de su obra en los que menciona el viaje de Himilcón:

“Más allá de estas Columnas, en las costas de Europa,
los habitantes de
Cartago poseyeron, en otro tiempo, aldeas y
ciudades, pero tenían esta costumbre, que construían
embarcaciones con el fondo más llano, para que la nave
dotada de mayor anchura pudiera deslizarse por el mar
menos profundo.
Además,
Himilcón dice que, desde estas Columnas hacia la
región occidental, hay un abismo inacabable, que el
pielago se abre ampliamente, que el mar se
ensancha. Nadie se ha dirigido hacia estos mares,
nadie
ha introducido las quillas en esta llanura marina, ya
porque falten, en alta mar, los vientos que empujen, ya
porque ningún soplo del cielo ayude la popa, ya, además,
porque la niebla cubra la atmósfera con una especie de
velo, ya porque las tinieblas escandan siempre el abismo
y haya continuamente un cielo de una luz más oscura.
Este es el Océano que ladra, en la lejanía, alrededor del
vastísimo orbe...
Su abismo se despliega con un largo contorno y se prolonga
dilatádamente por un vago flanco, Además, a menudo
el mar se extiende con tan poco calado, que apenas si
cubre las arenas subyacentes. Pero abundantes algas
flotan sobre la superficie, y el oleaje es aquí impedido por
la densidad del agua: la violencia o un piélago voluble
señorean por doquier, y un terror inmenso causado por
monstruos
invade las aguas. El púnico
Himilcón contó que, en otro tiempo,
él mismo lo había visto en el Océano y lo había experimentado.”
(
Ora Marítima, 375 ss; TRAD. P. Villalba y Varneda)

Ni la tentativa de Himilcón, ni aquella otra de Hannón parecen haber tenido continuidad, lo que muchas veces se ha interpretado como signo de fracaso. Pero lo cierto es que en el siglo V a. C., esté o no en relación con el periplo de Himilcón, se desarrolla en Cartago una importante manufactura de bronces con un alto contenido de estaño, lo que significa un buen aprovisionamiento de éste. Por otro lado, recientes descubrimientos en las costas de Galicia, donde se ha encontrado un altar púnico así como restos de ánforas y otras cerámicas del mismo origen, que se suman a algunos hallazgos antiguos, sugieren que los cartagineses llegaron a frecuentar estos mares más de lo que habíamos sospechado en un principio.


BIBLIOGRAFÍA

ALVAR EZQUERRA, J., "Avieno, los fenicios y el Atlántico", Arqueólogos, historiadores y filólogos: homenaje a Fernando Gascó, Sevilla 1995, pp. 21-38

BELLO JIMENEZ, V. M., Allende las columnas. La presencia cartaginesa en el Atlántico entre los sigllos VI y III a. C., Las Palmas de Gran Canaria, 2005 (Anroart Ediciones)

DUPUICH J.J., Note sur l’Ora maritima de Rufius Festus Avienus, Littérature gréco-romaine et géographie historique. (E. Chevallier, ed.) Paris, 1974, pp. 225-231.

JULLY, J.J., "Céramiques anglo-armoricaines et ceramiques puniques: voice maritime punique de l`etain", X Congreso Nacional de Arqueología, 1969, pp. 280-279

LOPEZ PARDO, F., El empeño de Heracles. La exploración del Atlántico en la Antigüedad, Madrid, 2000 (Arco Libros)

MEDAS, S., La marineria cartaginese: le navi, gli uomini, la navigazione, Sassari, 2000 (Carlo Delfino Editore)

MILLAN LEON, J., "Las navegaciones atlánticas gadiritas en época arcaica (ss. VIII-VII aC): Cerne y las Cassitérides", Actas del IV Congreso Internacional de Estudios Fenicios y Púnicos, vol. 2, Cádiz, 2000, pp. 859-867.

1 comentario:

Clari dijo...

que lugar interesante!
justo voy a viajar a San Francisco pero el proximo año voy a tenerlo en cuenta, quiero conocer el mundo entero!!