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La artesanía y los trabajos especializados

En Cartago los trabajos artesanales y especializados eran desempeñados normalmente por hombres libres. Como en otras partes, los artesanos transmitían su oficio de padres a hijos y se agrupaban por corporaciones de tejedores, orfebres, curtidores, alfareros, etc. bajo la autoridad de un gran maestro.

En las inscripciones cartaginesas podemos encontrar un amplio elenco de estos trabajadores especializados entre los que reconocemos al arquitecto, al maestro de obras, al cantero, al tallador de piedra, al escultor, al obrero especializado en la ornamentación, al trazador (¿ingeniero?) de caminos, los diversos tipos de fundidores, de bronce, de oro, de hierro, de metal colado, y otros trabajadores del metal, como el orfebre, al fabricante de pinzas, de lámparas, de sandalias, de perfumes, al tallador de mármol, al fabricante de cercas, de carros, de arcos, de redes de pesca, diversos tipos de carpinteros y torneros, así como de tejedores, al fabricante de cuerdas y los distintos tipos de alfareros y fabricantes de vasos. A veces en el campo iconográfico se representan una serie de instrumentos en consonancia con la función o el tipo de trabajo a que se alude en la inscripción.

En los grandes talleres metalúrgicos, así como en los arsenales y en los puertos, en los de tejidos y de tintura, y en los grandes alfares trabajaba una abundante mano de obra integrada por hombres libres y también por esclavos. Pero existían además talleres mucho más pequeños, algunos casi domésticos, en donde el propietario trabajaba ayudado por uno o dos aprendices que podían ser esclavos. Algunos de estos talleres-tienda han sido descubiertos por los arqueólogos en el barrio tardo-púnico de la vertiente meridional de Byrsa. Allí también ha aparecido, en una pequeña plazoleta formada en la intersección de dos calles, el tenderete de un orfebre que realizaba su actividad al aire libre trabajando la coralina, el coral y la obsidiana.


Otros oficios.
La construcción naval era, por otra parte, uno de los sectores que más mano de obra requería, y a los carpinteros, armadores y calafateadores se sumaban los encargados de fabricar las velas y cordajes para lo que se empleaba preferentemente el esparto. Asimismo, el mantenimiento de los puertos requería numeroso personal, como también eran abundantes aquellos que se dedicaban a la pesca y a las salazones. Todo ello sin contar con los obreros, arquitectos, ingenieros y toda clase de artesanos y artistas, ya citados, que participaban en las variadas tareas de construcción.

También había gentes cuya ocupación profesional era la de médicos, curanderos, astrólogos, educadores, etc., aunque aquí como en los restantes casos desconocemos los pormenores de su estatuto laboral.

Aquí, como en los restantes casos, desconocemos los pormenores de su situación laboral, si bien algunas escuetas informaciones permiten sospechar que una parte de los que trabajaban en los diversos oficios lo hacían por su cuenta mientras que otros se hallaban vinculados a templos, santuarios y otras empresas públicas, como los arsenales, las cecas en las que se acuñaban, al menos desde el siglo IV a. C., las monedas utilizadas para pagar a funcionarios y mercenarios del ejército, y los trabajos portuarios. Como se aprecia en las inscripciones procedentes de la misma Cartago, la especialización y la división del trabajo habían alcanzado un notable desarrollo y las relaciones de producción se caracterizaban por una convivencia de los pequeños propietarios, bien agricultores o dueños de algún pequeño taller artesano, y los grandes propietarios esclavistas.

Las manufacturas.
La producción, muy diversificada, de manufacturas ocupaba un lugar destacado en la economía cartaginesa. Entre las de mayor calidad, la metalurgia tenía un lugar importante y llegó a alcanzar una gran perfección técnica. Otro tanto ocurría con la orfebrería. Los oinokoes de bronce, los estuches para aguardar amuletos, los collares, pendientes, brazaletes y colgantes, los rasuradores rituales de bronce, címbalos, campanillas, y otros objetos y herramientas de uso más cotidiano, como espejos, cuchillos, pinzas, martillos, tenazas, etc. fueron fabricados por los artesanos púnicos con singular maestría.


Otros sectores destacados fueron los textiles, con la confección de telas de lana y de lino. Las mejores eran teñidas de púrpura. La extracción de este tinte, el único indeleble en la Antigüedad, de un pequeño molusco, el murex, y su aplicación a los tejidos de calidad constituía una habilidad por la que los fenicios habían sido siempre famosos. También se trabajaba la pasta de vidrio y el marfil, en los que los cartagineses llegaron a crear pequeñas maravillas, auténticas obras de arte. En cambio, la alfarería cartaginesa no destacó nunca por su calidad, salvo ciertas máscaras y figurillas de carácter religioso, y se limitó a la producción de contenedores—ánforas, frascos para perfumes y ungüentos, etc.—así como a la vajilla doméstica y funeraria.