El debate en torno al "molk" (II)

La polémica.
Atribuir a los tofets el carácter de necrópolis infantiles introduce, no obstante, nuevas incógnitas, ya que hay que explicar entonces el sentido votivo y no funerario de las inscripciones y la presencia de urnas que sólo tienen restos de animales, lo que pretende resolverse mediante el carácter iniciático de los rituales funerarios que allí habrían tenido lugar, de tal forma que los tofets resultarían espacios funerarios destinados a un rito específico de iniciación reservado a los niños de corta edad que fallecían por causas naturales, y no santuarios donde se practicaran sacrificios.

Por otra parte, el supuesto carácter iniciático del molk no tiene por que contradecir su naturaleza cruenta. Además, en contra de algunas pretensiones de ver un elevado numero de fetos entre las incineraciones infantiles de los tofets, como argumento de apoyo a la hipótesis funeraria, es preciso señalar que no hay manera de distinguir entre un niño nacido muerto prematuramente y uno que muere al poco de nacer (Ribichini y Xella, 1994: 82). Además, la evolución por edades que parece darse en algunos sitios, como Cartago, es difícil de explicar desde la perspectiva de la mortalidad infantil. En efecto, se ha observado en el tofet cartaginés que las urnas más antiguas son las que contienen un porcentaje mayor de niños de muy corta edad (prematuros o neonatos), mientras que las más recientes incluyen un mayor número de niños de un año y aún mayores (Stager, 1980: 7). ¿Como explicar tal contraste desde la mortalidad infantil?.


El mismo número de deposiciones en algunos tofets hace ciertamente improbable su utilización como necrópolis infantil, como ocurre en el de Monte Sirai. Igualmente, el escaso porcentaje de incineraciones infantiles observado en Motia en contraste con las deposiciones que sólo contienen restos de animales tampoco parece encajar muy bien con una mortalidad natural que se considera elevada. Por supuesto, todo ello contrasta con los cálculos que se efectúan para Cartago, unas 20.000 urnas entre el 400 y el 200 a. C, que no son sino la extrapolación al conjunto del tofet de la densidad de hallazgos obtenidos por el equipo de arqueólogos norteamericanos bajo la dirección de L. Stager en el sector excavado (1980: 3), pero entonces ¿debemos suponer que algunos tofets funcionaban como necrópolis infantiles mientras que otros no?.

A todo ello se puede aún añadir los datos obtenidos acerca de la posible, aunque discutida estacionalidad de los ritos según la edad de los animales sacrificados y las plantas utilizadas en la combustión, que de comprobarse, en modo alguno encajaría con la hipótesis de las necrópolis de niños. Por el contrario, dicha estacionalidad, de claros indicios equinocciales, podría ser puesta en relación con el carácter y naturaleza de Ba‘al-Hamon, la divinidad masculina que presidía los ritos que tienen lugar en el tofet, "señor del Amanus" y dios de la fertilidad y del cereal, así como de la montaña y de la atmosfera (Lipinski, 1988-90: 229 ss).

Finalmente algunos autores defienden el significado del tofet como santuario y la posibilidad, al mismo tiempo, de que se hayan producido realmente algunas incineraciones cruentas (sacrificios), aquellas que corresponderían a los restos de niños de mayor edad (Ribichini y Xella, 1994: 82 ss). Así, el tofet sería un lugar sagrado donde se realizan ritos diversos presididos por dos divinidades tutelares de la vida familiar, Ba`al Hammon, "señor de la capilla doméstica" y su paredra Tanit, lo que excluiría los holocaustos frecuentes ofrecidos a dioses terribles y sedientos de sangre. Una posición similar ha sido mantenida por otros (Suder, 1991) que, si bien rechazan el carácter de infanticidio generalizado para el sacrificio molk y la mayoría de los restos de las urnas que aparecen en los tofets, consideran sin embargo que no se puede excluir del todo la posibilidad de sacrificios de niños deformes o enfermos.

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El debate en torno al "molk"

El hallazgo de las estelas púnicas y neopúnicas de El-Hofra (Argelia) en el último tercio del siglo XIX marca el inicio de la moderna investigación sobre el sacrificio molk.. Primeramente la atención se había centrado en los textos bíblicos, pero, más tarde, con los descubrimientos en el tofet de Cartago a partir del invierno de 1921, los hallazgos que se iban obteniendo, no exentos de polémica, apoyaban la idea de que el molk era un sacrificio cruento conocido desde antiguo en Fenicia desde donde se había difundido por Israel y el occidente fenicio-púnico. No tardó mucho, sin embargo, en surgir una interpretación que atribuía los restos infantiles del tofet a la alta mortalidad por causas naturales.

Algo después, Deller, basándose en una serie de documentos neoasirios, propuso una interpretación figurativa y no literal de los pasajes bíblicos concernientes a “pasar los hijos e hijas por el fuego”, con lo que el molk quedaba convertido en una especie de sacrificio simbólico y, por supuesto, incruento. Tales ideas, tuvieron, no obstante escasa acogida y los estudiosos siguieron considerando el molk como un sacrificio cruento con pocas excepciones.

¿El final del dios Moloch?.
Por otra parte, Eissfeldt, primero, más tarde Dussaud, y luego Albright y también Fevrier, ayudados por la lectura de las inscripciones que aparecían en Cartago, habían establecido el significado del término molk como un determinado tipo de sacrificio, y no como el nombre de una divinidad, aunque Albright admitía la existencia en el norte de Mesopotamia y de Siria de un dios con este nombre (Muluk o Malik) al que se habían sacrificado niños como prenda de santidad de una promesa. En una posición intermedia de Vaux consideraba que esta palabra había tenido en principio un sentido sacrificial, siendo utilizada luego de forma equivocada en el Antiguo Testamento como un nombre divino debido a una confusión de los redactores hebreos.

Lo cierto es que la tesis de Eissfeldt se apoya sobre todo en la evidencia de las inscripciones púnicas, pero parece que fuerza, en algunos casos, la lectura de los textos bíblicos. Si bien buena parte de los autores que han tratado recientemente el problema se atienen a ella no faltan tampoco en los últimos años quienes han vuelto a encontrar argumentos para defender la existencia de un culto a un dios Moloch/Molech (Weinfeld, 1972; Heider, 1984; Day, 1989) que unas veces ha sido identificado con Ba‘al o el mismo Yahvé, y otras con el dios cananeo Mot, el amonita Milcom, el arameo Adad-milki, o el sirio Hadad.

También hay quien interpreta mlk como "rey" y lo consideran un epíteto de Yahvé, aplicado, asimismo, aunque de forma degradada a otros dioses menores o diablos y hasta quien hace desaparecer la misma palabra molek del texto hebreo más antiguo que sólo conocería el nombre de la divinidad amonita Milcom. No falta tampoco quien considera Molech una divinidad cananea del mundo inferior con sus orígenes en el dios mlk atestiguado en Ugarit que no sería otro que Malik, documentado en Siria y Mesopotamia como una forma de Nergal, el dios infernal del Mesopotamia.

El molk y el sacrificio de los primogénitos.
Pero, si bien se aceptaba la práctica de sacrificios infantiles, se pensaba que eran episódicos y muy esporádicos, produciéndose sobre todo ante situaciones críticas que implicaban grave peligro, como guerras, plagas, hambrunas, etc. y en círculos sociales muy restringidos y próximos a la realeza, según se podía leer, por otra parte, en los testimonios de Filón de Biblos, Diodoro de Sicilia o Q. Curcio Rufo. Además, la identificación del mlk con una versión humana del sacrificio de las primicias, que siguió gozando de crédito, bloqueaba la posibilidad de pensar en términos de infanticidios por motivos demográficos y/o económicos. La confusión provenía en gran parte del paralelo que se establecía con episodios como el sacrificio de Isaac o el del hijo del rey de Moab, y con las prescripciones de Éxodo, 22, 28-29 relativas a la ofrenda de las primicias.

También ha contribuido a la confusión un pasaje de Ezequiel (20.26), que es el único texto bíblico en el que se menciona a los primogénitos como víctimas del mlk. Pero aunque los primogénitos hayan podían ser ofrecidos en el mlk, éste no constituía un sacrificio específico de primogénitos. En este sentido, Lipinski (1988) ha mostrado las discrepancias en los textos bíblicos en el empleo de verbos y términos con sentido sacrificial, según se trate de la ofrenda de los primogénitos o del molk. Tampoco hay argumentos de peso en los autores clásicos, ni en la epigrafía de los tofets para seguir manteniendo la asimilación del mlk con el sacrificio de los primogénitos.

El molk incruento: génesis de la hipótesis funeraria.
Paralelamente, se había comenzado a señalar la ausencia de testimonios del mlk en la misma Fenicia, de donde se suponía que era originario, así como en el precedente Ugarit (Xella, 1978). Según Weinfeld, la presencia del mlk entre los hebreos, bien documentada en el Antiguo Testamento, se debería a la influencia de los asirios y los arameos, lo que ya había sido la opinión de Deller, e identifica el mlk bíblico como una manifestación del culto a Hadad, pero de carácter incruento. Según él se trataba en realidad de sacrificios simbólicos en los que la acción de «pasar por el fuego» debe ser interpretada figurativamente como la consagración de los hijos a la divinidad. También rechaza, por supuesto, toda conexión con los sacrificios infantiles de los fenicios y púnicos, que atribuye a situaciones excepcionales, y por consiguiente poco frecuentes, y que no estarían además institucionalizados.

La réplica de Smith (1975), insistiendo en el carácter cruento del sacrificio fue seguida de un trabajo de Kaufmann (1978) que determinaba la imposibilidad de conciliar el dios Adrammelek bíblico (corregido en Adadmelek por Weinfield) con el Adad-milki asirio, lo que constituía una pieza clave de la argumentación de Weinfeld. Pese a todo, un importante grupo de investigadores (Simonetti, 1983; Moscati, 1987; Ribichini, 1987; Olmo Lete, 1990) ha vuelto a cuestionar el carácter cruento del mlk, y un trabajo de Benichou-Safar (1981) sobre la escasez de enterramientos infantiles en las necrópolis de Cartago ha sido utilizado como punto de partida. Al poco, una reinterpretación de los textos antiguos (Simonetti, 1983) establecía una diferencia entre las noticias, más abundantes, relativas a asesinatos rituales, que habrían sido sumamente episódicos, y las que se refieren a verdaderos a sacrificios humanos. Como muy bien lo ha expresado Amadasi Guzzo (1986: 189 ss): "E infatti particolarmente arduo riuscire ad ammettere che popoli a noi relativamente vicini,sia nel tempo, sia nello spazio, abbiamo regolarmente praticato riti che non ci appaiano giustificabili: limitare il sacrificio dei bambini a casi eccezionali, se nom eliminarlo completamente, apare perciò come uno sgravio di coscienzia“. Así que una interpretación, que ha llegado a contar con un buen número de adeptos establece de nuevo el carácter incruento y simbólico del mlk, mientras que considera a los tofets como necrópolis infantiles.